El año en que la IA dejará de ser una pestaña para ser el sistema: de Siri a Claude Cowork
Hace apenas unos meses, hablábamos de capas. Imaginábamos un ecosistema donde los grandes modelos (LLMs) ponían la inteligencia y una legión de startups ponía la ejecución: los famosos agentes. El usuario elegía un cerebro y luego contrataba brazos para ejecutar tareas. Pero esa frontera acaba de saltar por los aires.
En las últimas semanas, cuatro movimientos tectónicos han redibujado el mapa de lo que viene en el mundo de la IA en las empresas. Meta ha pagado 2.000 millones por Manus, lo que significa el fin de la era de los chats y el nacimiento de la ejecución real; Apple ha elegido a Gemini para dar vida a Siri tras un combate técnico brutal; Nvidia y Eli Lilly han decidido que el descubrimiento de fármacos ya no es un tema de probetas, sino de capacidad de computación pura; y Anthropic ha lanzado Claude Cowork, borrando de un plumazo la distinción entre chatear con una IA y trabajar con un compañero que mueve archivos en tu disco duro.
2026 es el año en que la IA deja de ser algo que consultas para convertirse en algo que habita tus dispositivos. La inteligencia se ha vuelto ambiental, física y, sobre todo, invisible. Quien siga esperando a que la IA sea una herramienta aislada, se va a encontrar con que el sistema operativo de su competencia ya está ejecutando procesos mientras ellos aún están escribiendo el prompt.
Aprendamos a distinguir entre el ruido de las actualizaciones y el cambio estructural de la autonomía.
Del modelo al agente ejecutor
Lo que está pasando no es una simple mejora de versiones. Estamos viviendo la absorción de la capa de ejecución por parte de los dueños de los modelos.
Durante 2024 y 2025, el insight dominante era que los modelos de lenguaje eran demasiado estáticos. Necesitaban conectores. Apple, en un movimiento que muchos no vieron venir, ha cerrado el debate sobre quién dominará la inteligencia móvil. Al elegir a Gemini como motor central de Siri, superando a OpenAI y Anthropic, Apple no ha buscado el modelo que mejor escribe poesía, sino el que tiene la mejor infraestructura, menor latencia y mayor fiabilidad multimodal para miles de millones de dispositivos.
Esto significa que la IA ya no es un destino al que vas (una web, una app); es el tejido que une tus fotos, tus correos y tus comandos de voz. Google, al ganar este bake-off de Apple, se posiciona como el proveedor de infraestructura de inteligencia dominante en el planeta. La implicación para cualquier directivo es obvia: la ventaja competitiva ya no está en el modelo que usas, sino en cómo ese modelo se integra con tus datos y tus procesos en tiempo real.
Cuando la IA deja de hablar y empieza a hacer
Para entender el impacto de esta integración, miremos tres escenarios que ya están ocurriendo.
El fin de la oficina “estática” con Claude Cowork
Anthropic ha lanzado una vista previa de lo que llaman Cowork. No es un chat. Es un agente con acceso a tus carpetas locales. Imagina decirle: “Organiza mi carpeta de descargas, renombra las facturas por fecha y crea un Excel con los gastos”. Claude lo hace. Lee, edita y crea archivos en tu Mac. El resultado no es una respuesta de texto, es un trabajo terminado en tu sistema de archivos. La barrera entre pensar y hacer ha desaparecido.
La carrera armamentística en Pharma (Nvidia + Eli Lilly)
En un contexto totalmente distinto, Eli Lilly y Nvidia han invertido 1.000 millones de dólares en un laboratorio donde la IA no es un asistente, es el motor de búsqueda de moléculas. Usando los aceleradores Vera Rubin (cinco veces más potentes que los anteriores), han convertido el descubrimiento de fármacos en una carrera de computación. Aquí, la IA no “sugiere” ideas; simula realidades químicas a una escala que el ojo humano no puede procesar. El resultado: reducir décadas de investigación a pocos años.
El riesgo de la irrelevancia
Pensemos en una empresa que sigue utilizando la IA solo para redactar emails o generar imágenes de stock. Mientras tanto, su competidor directo ha implementado AIgents que gestionan de forma autónoma la actualización de su CRM, procesan pedidos y coordinan la logística basándose en el inventario real. El primero ahorra 10 minutos al día; el segundo ha transformado su estructura de costes y su velocidad de respuesta al mercado. No es una mejora incremental, es un cambio de liga.
¿Ves a qué me refiero? La IA ya no te ayuda a escribir el informe; la IA está moviendo los datos para que el informe se escriba solo mientras tú te ocupas de la estrategia.
Cómo construir tu Ecosistema de Contenidos y Acción
Para navegar esta transición, nosotros utilizamos una metodología que permite a las organizaciones pasar de la “IA como consulta” a la “IA como agente”. No se trata de instalar herramientas, sino de diseñar una arquitectura de automatización significativa.
Primero, identifica tu perímetro de acción. Al igual que en Claude Cowork el usuario decide a qué carpetas dar acceso, tu empresa debe definir qué conectores y datos son críticos. No lances la IA a ciegas sobre toda tu infraestructura; selecciona los procesos donde el ruido operativo es mayor: gestión de archivos, triaje de leads o análisis de sentimiento en tiempo real.
Segundo, establece la jerarquía de supervisión. La IA actual, como bien advierte Anthropic, puede ser destructiva si se le dan permisos de borrado sin guía clara. El sistema debe basarse en un modelo de “bucle humano” (human-in-the-loop): la IA propone un plan, tú lo validas, ella ejecuta.
Finalmente, integra la identidad conversacional. Si tu IA va a hablar con tus clientes o gestionar tus archivos internos, debe hacerlo con una voz y unas reglas coherentes con tu marca. No es solo tecnología; es cultura corporativa codificada en algoritmos.
El círculo se está cerrando. Empezamos 2024 con la fascinación por el chat y estamos entrando en una era donde la IA tiene manos, acceso a disco duro y capacidad para simular fármacos en aceleradores de Nvidia. Siri ya no será una voz que te dice el tiempo; será la interfaz de Gemini operando tu vida digital.
La IA ha dejado de ser una conversación para convertirse en una infraestructura. Y en la infraestructura, lo que importa no es lo que dices, sino lo que construyes sobre ella.
Acciones concretas para esta semana:
Audita tus procesos repetitivos de archivos: identifica qué tareas de “mover, renombrar y organizar” podrías delegar hoy mismo si tuvieras un agente local.
Prueba Claude Cowork (si usas Mac): experimenta con la delegación de tareas en una carpeta aislada para entender los límites de la autonomía actual.
Revisa tu estrategia de dispositivos: si Apple ha apostado por Google, tu ecosistema corporativo debe ser compatible con la multimodalidad de Gemini.
Evalúa tu “deuda de computación”: como en el caso de Eli Lilly, pregúntate si tu cuello de botella es la falta de ideas o la falta de capacidad de procesamiento de las mismas.
Define tus reglas de seguridad para agentes: Antes de dar permisos de escritura a cualquier IA, establece protocolos de “solo lectura” y validación humana obligatoria.


