Lo más útil que he hecho por mi trabajo no ha sido aprender IA. Ha sido conocerme
Mañana es 1 de mayo. Y por primera vez en muchos años, no me sale celebrar que trabajo mucho. Me sale celebrar que estoy aprendiendo a trabajar mejor. Que no es lo mismo.
Durante años me conté una película. La película del tipo que puede con todo. El que anticipa, resuelve, conecta, entrega, lidera y además lo hace rápido. Y esa película no era del todo mentira: ese perfil me permitió construir ser pionero en el 2.0, formar proyectos innovadores como MUWOM, anticiparme a la IA, crear Voikers e integrarlo en LLYC, cosas reales, trabajar con clientes buenos, crear +MAIN.MIND, dar conferencias, escribir esta newsletter... (aquí puedes ampliar información de ese “Roberto Carreras”) Me permitió ser, como mínimo, bueno en lo que hago.
Pero había un precio que no aparecía en la factura.
Ese precio era no saber parar. No saber decir que no. No saber distinguir entre lo urgente y lo importante. No saber cuándo el motor necesitaba mantenimiento y no más gasolina. Confundir ser productivo con ser valioso. Creer que si no daba al máximo, no era suficiente.
No voy a entrar en detalles porque esto no es un consultorio. Pero sí quiero decir algo que creo que le pasa a más gente de la que lo admite: los que más producimos somos a veces los que peor nos conocemos. Porque producir es una forma extraordinaria de no mirarse.
Lo que estoy aprendiendo
Estoy aprendiendo que conocerme no es un lujo. Es una herramienta de trabajo. Y probablemente la más importante.
Conocerme me está enseñando a identificar cuándo digo “sí” porque quiero y cuándo digo “sí” porque me da miedo decepcionar. Me está enseñando que no todos los proyectos son míos, que algunos los cargo porque confundo ayudar con demostrar mi valor. Me está enseñando que la diferencia entre un buen mes y un mal mes no es cuánto facturo sino cuánto de lo que hago tiene sentido.
Hay una frase que me repito últimamente y que me está cambiando la forma de trabajar:
“Si hoy sólo hiciera una cosa, ¿cuál sería suficiente?”
Esa pregunta es brutal. Porque te obliga a distinguir entre lo importante y lo que solo alimenta la sensación de estar haciendo algo. Y cuando la respondes con honestidad, el 80% de lo que tenías “pendiente” se cae solo.
No estoy diciendo que ahora trabaje menos. Estoy diciendo que estoy empezando a elegir mejor. A priorizar desde la calma y no desde la ansiedad. A decir que no sin sentir que se acaba el mundo. A cerrar el portátil sabiendo que lo que hice hoy era suficiente, no perfecto, suficiente.
Eso es lo que celebro este 1 de mayo. No productividad. Claridad.
Y ahora, lo que sí sé hacer: cómo construir tu primer agente de IA
Vamos a la parte práctica. Porque esta newsletter no es un diario, sino un sitio en el que sales con algo útil (las experiencias personales lo son, espero haberte removido alguna idea al menos ;-)
Voy a contarte cómo construyo yo un agente de IA desde cero. No la versión teórica. La versión real, la que uso cada semana para crear herramientas que antes habrían requerido un equipo técnico y meses de desarrollo. Y que ahora me lleva una tarde.
Hace unos días en una conferencia en el evento “PARIX IA 2026” que se celebra en Matadero de Madrid (la puedes ver aquí) construí una app en directo delante de un auditorio. Se llama Editorial Radar: le das la sinopsis de un libro y te devuelve un análisis del mercado editorial, huecos de catálogo, tendencias y posicionamiento estratégico. La construí en minutos. Delante de gente que llevaba toda la mañana oyendo hablar de IA en abstracto.
No fue magia. Fue un proceso que cualquiera puede replicar. Y tiene cuatro pasos.
Paso 1. Piensa el flujo antes de tocar nada
Este es el paso que todo el mundo se salta, y es el que lo cambia todo. Antes de abrir Claude, antes de escribir un prompt, antes de tocar una herramienta, necesitas pensar qué hace exactamente tu agente. No “en general”. En concreto.
Yo lo hago con una pregunta: ¿qué entra, qué pasa dentro, y qué sale?
Ejemplo real. Para Editorial Radar: entra una sinopsis de libro. Dentro, la IA analiza el mercado, identifica competencia y detecta huecos. Sale un informe con categoría, tendencias y recomendación de posicionamiento.
Tres frases. Eso es tu flujo. Si no puedes describirlo en tres frases, todavía no sabes lo que quieres construir, y la IA tampoco lo va a saber.
Yo dibujo esto en Figma. No necesitas Figma, te vale un papel, una servilleta, una nota en el móvil. Lo importante es visualizar: pantalla de entrada, proceso, pantalla de resultado. Tres cajas. Tres flechas. Ya tienes la arquitectura.
Paso 2. Pelotea con Claude hasta que el PRD esté blindado
Aquí es donde la mayoría de la gente se equivoca. Abren Lovable o Cursor o la herramienta que sea y empiezan a construir directamente. Error. Construir sin un buen brief es como edificar sin plano, vas a acabar tirando paredes.
Lo que yo hago es abrir Claude y pedirle que me construya el PRD (Product Requirements Document) completo. Pero no le digo “hazme un PRD”. Le digo algo así:
“Quiero construir una app en Lovable que haga X. La entrada es Y. La salida es Z. El usuario es [perfil]. La estética debe ser [descripción]. Las pantallas son: home con input, pantalla de carga con pasos visibles, y pantalla de resultados con secciones navegables. Genera el PRD completo con especificaciones de diseño, flujo de datos, system prompt para la IA interna, y el prompt inicial para Lovable.”
Un solo mensaje. Claude te devuelve un documento de 3.000-5.000 palabras con todo especificado: colores, tipografías, componentes, lógica de negocio, llamadas a API, textos de interfaz. Todo.
La clave es iterar aquí. No en el código. Si el PRD no está claro, lo que construyas después va a fallar. Si el PRD está blindado, Lovable lo clava a la primera el 80% de las veces.
Paso 3. Ejecuta con Lovable (y conecta con la API)
Coges el prompt que Claude te generó para Lovable y lo pegas. Lovable construye la app en 2-4 minutos. Frontend, lógica, diseño, todo de una vez.
Pero aquí viene el truco que convierte una demo bonita en una herramienta real: la conexión con la API de Claude. Necesitas una API key de Anthropic (cuesta céntimos por uso) y configurar una Edge Function en Lovable para que las llamadas sean seguras. Suena técnico pero no lo es, Claude te explica paso a paso cómo hacerlo y Lovable lo implementa con un prompt.
Cuando la app está conectada a la API, deja de ser una maqueta. Es un producto real que procesa datos, genera análisis y devuelve resultados. Algo por lo que un cliente pagaría. Algo que hace tres años habría costado 20.000€ y cuatro meses de desarrollo.
Paso 4. Itera hablando, no programando
Aquí es donde este flujo se separa de todo lo anterior. Cuando quieres cambiar algo (un color, un texto, una funcionalidad, una sección nueva, etc.) no abres código. Le dices a Lovable o a Claude qué quieres cambiar. En español. En lenguaje normal.
“Añade un gráfico de radar con las cinco dimensiones del análisis.” “Cambia el botón de rojo a verde cuando el análisis termine.” “Añade un PDF descargable con el informe completo.”
Cada cambio tarda segundos. Cada iteración te acerca al producto final. El ciclo de construir-probar-mejorar que antes duraba semanas ahora dura minutos.
Lo que esto significa para ti
No necesitas ser técnico. No necesitas saber programar. No necesitas un equipo de desarrollo. Necesitas tres cosas: un problema bien definido, saber describir lo que quieres, y una tarde libre.
Piénsalo: ¿qué proceso repetitivo tienes en tu trabajo que podrías convertir en una herramienta? ¿Un generador de propuestas comerciales que se adapte a cada cliente? ¿Un analizador de competencia que monitorice tu sector? ¿Un sistema de briefing que estandarice cómo recibes información de tus clientes? ¿Un dashboard que te diga en qué punto está cada proyecto?
Cualquiera de esas cosas se puede construir con este flujo. En una tarde. Por el coste de un café.
La IA no te quita el trabajo. Te da la capacidad de construir herramientas que antes solo podían construir los que tenían dinero para un equipo técnico. Eso es democratización real, no la de los discursos, la de los hechos.
Donde se cruzan las dos cosas
Hay algo que conecta la primera parte de esta newsletter con la segunda. Y es que conocerte mejor también te hace construir mejor.
Cuando sabes qué problema quieres resolver, de verdad, sin autoengaño, el agente que construyes es preciso. Cuando no lo sabes, construyes herramientas que nadie necesita solo por la emoción de construir. He estado ahí. Ya no quiero volver.
La pregunta correcta antes de crear cualquier agente no es “¿qué puede hacer la IA?” Es “¿qué necesito yo?” Y para responder eso, tienes que conocerte. Saber qué te sobra, qué te falta, y dónde tu tiempo se va sin que te des cuenta.
Así que este 1 de mayo, mi propuesta es doble.
Pregúntate si estás trabajando para algo o huyendo de algo. No juzgues la respuesta. Solo mírala.
Elige un proceso de tu trabajo que te roba tiempo y dibuja el flujo en tres frases. Qué entra. Qué pasa dentro. Qué sale. Si te animas, ábrele una conversación a Claude y pídele el PRD. Verás cómo algo que parecía imposible empieza a tomar forma en minutos.
Un paso hacia dentro. Un paso hacia fuera. Los dos se necesitan.
Feliz Día del Trabajo. Que sea el primero de muchos en los que celebres claridad, no velocidad.


