El fin del contrato visual: por qué ya no puedes creer a tus ojos
Estamos entrando en la era del contenido sintético infinito y, como afirmó en una entrevista Adam Mosseri, el máximo responsable de Instagram, el contrato visual se ha roto para siempre. La presunción de verdad en una imagen ha muerto.
En un mundo en el que crear belleza perfecta es trivial y gratuito, la estética deja de ser un activo para convertirse en una commodity. El valor se desplaza de la imagen a la identidad y a la procedencia. Ya no importa qué ves, sino quién lo firma y cómo puedes demostrar qué ocurrió realmente.
Del “ver para creer” al escepticismo por defecto
Durante casi dos siglos, la fotografía fue el acta notarial de la realidad. Si había una foto, es que alguien estuvo allí con una caja oscura y capturó la luz. Ese contrato social es el que ha sostenido el periodismo, el marketing y nuestras relaciones personales. Pero hoy, la asunción por defecto de que una foto es real ha desaparecido.
El problema no es solamente la IA generativa; es la escala. Estamos ante lo que llamo un ecosistema de creatividad aumentada mal gestionado. Cuando las herramientas para crear falsificaciones indistinguibles de la realidad son accesibles para cualquier adolescente con un móvil, la señal se pierde en el ruido.
Un dato para la reflexión: los benchmarks actuales muestran que la precisión de los detectores de IA cae hasta el 52%, prácticamente el azar, en cuanto la imagen sufre un proceso mínimo de edición o compresión. Es decir, la tecnología para detectar mentiras va mucho más lenta que la tecnología para crearlas.
Esto nos obliga a un cambio evolutivo doloroso. Estamos genéticamente predispuestos a creer lo que ven nuestros ojos, pero ahora debemos aprender a desconfiar de ellos. La confianza se está desplazando hacia arriba: ya no confiamos en el píxel, sino en la firma criptográfica que hay detrás.
¿Ves a qué me refiero? El campo de batalla ya no es el diseño, es la autenticidad.
La arquitectura de la confianza
Para navegar esta era de contenido sintético, he desarrollado un sistema para ayudar a las organizaciones a construir su identidad conversacional de forma segura. No se trata solo de poner una etiqueta de “Hecho con IA”, sino de crear un ecosistema de contenidos verificable.
El primer paso es la Captura de Procedencia. Debemos priorizar herramientas y flujos de trabajo que admitan Content Credentials. Esto significa que desde que se pulsa el disparador (o se genera el prompt inicial), se adjunta un metadato firmado criptográficamente que registra quién, cuándo y cómo se creó esa pieza. Es el equivalente a un “pasaporte” para cada imagen o vídeo.
El segundo paso es la Persistencia de la Identidad. En redes sociales donde el feed tradicional ha muerto, lo que sobrevive es el grafo social y la autoridad del perfil. Aquí es donde los Agentes Inteligentes (AIgents) propios juegan un papel clave. Tu identidad no puede depender de un algoritmo de recomendación volátil; debe estar anclada en firmas digitales que el usuario pueda verificar con un clic.
Por último, la Validación en Destino. Las organizaciones deben educar a sus audiencias para buscar el icono “CR” (Content Credentials). Ya no basta con publicar; hay que ofrecer los medios para que el receptor verifique que el contenido no ha sido manipulado maliciosamente en el camino.
Ahora viene lo importante: esto no es una opción estética, es una necesidad regulatoria y de negocio.
Lo que necesitamos es más veracidad. La estética ha muerto como diferencial. La confianza es el nuevo lujo.


